En poco tiempo destruyeron años de esfuerzo y sacrificio de cientos de emprendedores

Del orgullo chaqueño a la desolación: la lenta agonía del histórico Paseo de Artistas y Artesanos de Resistencia


 

Hubo una época, no muy lejana, en la que era prácticamente imposible conseguir un lugar para estacionar sobre la avenida Lavalle. La multitud obligaba incluso a cortar la circulación entre las calles 0 y 400 debido a la enorme afluencia de visitantes que cada fin de semana elegían recorrer la feria de artesanos.

Hoy, la imagen es completamente distinta: silencio, espacios vacíos y una sensación de abandono que golpea directamente la memoria colectiva de los chaqueños.

Lo que alguna vez fue el emblema del emprendedurismo provincial se encuentra sumido en una profunda decadencia.

El histórico Paseo de Artistas y Artesanos, emplazado en el predio de la antigua estación del ferrocarril de Resistencia, no nació por casualidad ni fue producto de la improvisación. Fue el resultado de una visión estratégica y un enorme esfuerzo organizativo impulsado por Merlín Cristofani, quien entendió décadas atrás la importancia de generar un espacio digno para quienes vivían de su talento, creatividad y trabajo.

La infraestructura era sencilla pero pensada hasta en los mínimos detalles: prolongadores eléctricos para que cada puesto tuviera iluminación propia, una organización ejemplar y un ambiente que permitía convivir a emprendedores, artistas, músicos, artesanos y familias enteras.

La demanda fue tan grande que el paseo llegó a expandirse por más de cien metros, convirtiéndose en un verdadero fenómeno social y económico que sirvió de modelo para numerosas localidades del interior chaqueño.

Allí no solamente se comercializaban productos. Se construía identidad.

Recorrer la vieja estación de trenes era encontrarse con el alma cultural de Resistencia. Era disfrutar del humor y el talento de artistas como Pochosky, que llenaba de orgullo a los chaqueños al trascender las fronteras provinciales llevando su arte a distintos puntos del país.

Cada fin de semana el lugar se transformaba en una verdadera celebración popular.

Sin embargo, en muy poco tiempo, años de esfuerzo, sacrificio y construcción colectiva fueron desmantelados por la falta de políticas públicas sostenidas y por la ausencia de acompañamiento tanto del gobierno provincial como, principalmente, del municipio.

La imagen observada durante una fecha emblemática como el Día del Padre fue un golpe emocional para quienes conocieron la grandeza del paseo. La desolación era absoluta.

Y aquí surge una contradicción que merece ser debatida.

Desde distintos discursos políticos se insiste permanentemente con la idea de que "el que emprende puede lograr todo", como si la voluntad individual fuera suficiente para sostener proyectos de semejante magnitud. La realidad demuestra exactamente lo contrario: sin un Estado presente, inteligente y comprometido, los espacios comunitarios terminan deteriorándose hasta desaparecer.

No se trata de subsidiar el fracaso ni de intervenir en todo. Se trata de acompañar, facilitar y proteger aquello que funciona y que genera un enorme valor social, cultural y económico.

Porque destruir es sencillo. Construir lleva años.

La verdadera desolación no fue la ausencia de expositores ni la baja concurrencia de público. La desolación fue mucho más profunda: fue la sensación de estar observando cómo se apaga una parte de la identidad cultural chaqueña.

Y cuando una sociedad pierde sus espacios de encuentro, sus artistas y sus emprendedores, no solamente pierde una feria; pierde parte de su alma.