La política argentina parece atrapada en un eterno déjà vu de contradicciones y dobles discursos. La reciente y escandalosa renuncia de Manuel Adorni a la Jefatura de Gabinete, acorralado por investigaciones judiciales y rumores pasillos adentro que señalan su absoluta incapacidad para justificar el vertiginoso crecimiento de su patrimonio y gastos suntuosos, abrió una vacante de poder.
Sin embargo, el remedio que baraja el Gobierno podría ser idéntico a la enfermedad: el nombre que suena con más fuerza para reemplazarlo es el de Diego “El Colo” Santilli.
Si Adorni cae por no poder explicar sus números, la llegada de Santilli no es un cambio de rumbo, sino la continuidad de la misma matriz. En su momento el blindaje mediático intentó minimizar, ya documentaba con pruebas contundentes cómo el actual ministro del interior libertario protagonizó su propio “milagro contable”, imposible de justificar para cualquier ciudadano de a pie.
El “Adorni-Gate” de la gestión porteña: Más de medio millón de dólares sin explicación
El paralelismo es asombroso. Mientras Adorni quedó en el ojo del huracán por un nivel de vida disociado de sus ingresos declarados, Santilli cuenta en su haber con favores de contratistas del Estado que rozan la magia financiera.
En su declaración jurada de 2015, mientras se desempeñaba como vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Santilli registró una deuda hipotecaria de USD 550.000. El prestamista no era una entidad bancaria, sino Marcos Podestá, un poderoso empresario cuyas firmas (Droguería Varadero S.A. y Río Varadero S.A., entre otras) vieron estallar exponencialmente sus contratos de provisión con el Estado porteño bajo el ala del macrismo.

Al año siguiente, en la DDJJ de 2016, la deuda con el contratista se había esfumado. Santilli logró saldar más de medio millón de dólares con un sueldo neto de apenas $80.000 mensuales y dedicación exclusiva al cargo.

Las matemáticas, al igual que en el caso de Adorni, simplemente no cierran. A esto se le sumó la adquisición de un piso de lujo frente al MALBA por USD 800.000, que posteriormente sufrió una insólita “devaluación” fiscal del 85% para camuflar los números.
El archivo de la AFI y la “vida de narco”
Al igual que las filtraciones que terminaron empujando la salida de Adorni, el nivel de derroche de Santilli ya había encendido alarmas dentro de su propio espacio político en el pasado. Durante la gestión presidencial de Mauricio Macri, pericias y escuchas oficiales de la AFI (en el marco de la causa por espionaje ilegal) revelaron el malestar que generaba su ritmo de gastos.
En un audio que consta en el expediente judicial, el entonces director de Inteligencia Alan Ruiz describía la vida del “Colo” con una crudeza brutal: “El 1 (Macri) le bajó el dedo a Santilli. Santilli gastó un millón seiscientos mil dólares el año pasado. Y no usa tarjeta de crédito. Es un narco. (…) No hay forma de que justifique el nivel de vida que tiene.”. Ruiz detallaba viajes relámpago a Dubái junto a una comitiva familiar y de amigos, pagando cientos de miles de dólares en efectivo en hoteles y pasajes de avión.

Cambiar de nombres para que nada cambie
Cuando el relato anticasta de La Libertad Avanza se enfrenta a las urgencias del armado político, el pragmatismo archiva los principios. El propio Javier Milei supo definir en televisión a Santilli como “un pésimo candidato” y “un engendro”. Hoy, la ingeniería de la mesa chica de Olivos lo baraja como el principal salvavidas para ocupar la Jefatura de Gabinete.
La salida de Manuel Adorni pretendía ser un gesto de purga ante la opinión pública por un patrimonio injustificable. Colocar en su lugar a Diego Santilli sería ir de Guatemala a Guatepeor.